Los juegos de olfato funcionan porque oler no es el premio que llega después del ejercicio: es el ejercicio y el premio al mismo tiempo. Cuando un perro mete la nariz entre cobijas o sigue el rastro de unas croquetas por el piso, está recibiendo información del ambiente, y esa información lo calma. Por eso los educadores caninos los usan tanto para bajar revoluciones en casa como para enseñarle a un perro a pensar antes de actuar. No hace falta comprar nada: alcanza con separar una parte de su comida diaria.

Yo empecé con esto por necesidad, no por moda. Tenía una perra que a las siete de la tarde se ponía insoportable: daba vueltas por el pasillo, mordía el cojín, me empujaba el brazo con el hocico. El paseo ya estaba hecho, el sol ya se había ido, la había dejado correr hasta que se le salió la lengua. Y seguía eléctrica. Lo único que la bajaba era abrir la mano y tirar un puño de croquetas al pasto. No la estaba entrenando. La estaba dejando ser perro.
Eso es lo que casi todas las explicaciones de este tema dejan fuera, porque se quedan en "el olfato cansa al perro". Cansa menos de lo que se cree. Lo que hace es otra cosa: lo desacelera. Y esa diferencia cambia por completo cómo se planea la sesión.
Lo que de verdad pasa cuando el perro huele
Un perro que busca con la nariz está tomando decisiones todo el tiempo. Va, comprueba, descarta, vuelve, insiste. Recibe datos sobre el ambiente (quién pasó, dónde hay comida, qué cambió desde ayer) y esos datos son reforzantes por sí solos. No necesita que yo le diga "muy bien". El refuerzo viene incluido en la actividad.
Lo segundo es lo que se ve en el cuerpo. Yo no lo mido, lo veo. La respiración se alarga, la cola baja, el perro deja de saltar y el ritmo de las patas cambia. Ese perro ya no está esperando una orden. Está ocupado.
Por eso funciona distinto a un juego de pelota. La pelota sube la energía; el olfato la baja. Con perros rescatados que llevan meses aprendiendo a no esperar nada bueno de la gente, además, es de las primeras cosas donde el perro decide y siempre gana: la comida está donde está y el perro solo tiene que encontrarla. No hay "no" en ningún momento.
El nivel cero es el piso, y es gratis
Todo empieza con croquetas tiradas. Antes de cajas, antes de tapetes, antes de cualquier cosa que se venda.
Aparta la comida del día en dos partes. Una se va al plato y la otra se va a los juegos. No le agregues comida extra encima de su ración: un perro que juega olfato tres veces al día come lo mismo que uno que no juega, solo que lo trabaja. Si el perro está a dieta, de aquí sale la comida, no de otro lado.
Empieza en piso firme o en pasto corto. La alfombra es demasiado fácil y la maleza alta es demasiado frustrante para un perro que nunca lo ha hecho. Tira seis u ocho croquetas en un espacio chico la primera vez. Di "busca" una sola vez y luego cállate. No señales, no muevas el pie, no repitas el cue. Cuando las encuentre todas sin ayuda, amplía el área. Después tira un poco más lejos, después a media altura entre las patas de una silla.
El error más común en este nivel es ayudar. Si yo señalo con el dedo, el perro aprende a esperar mi dedo y deja de usar la nariz. El juego se convierte en obediencia y ahí pierde justo lo que lo hacía útil.
Usa siempre la misma palabra. "Busca" y nada más. No "busca, busca, ándale, aquí está, mira".
Cajas, manos y vasos: subir un escalón
Cuando el piso ya sale fácil, hay tres variaciones que no cuestan nada y que cualquier educador canino usa.
Cajas
Junta cuatro o cinco cajas de cartón de distintos tamaños. Al principio pon comida en una sola, déjala abierta y deja que el perro vea dónde la pusiste. Después tápala con una toalla. Después esconde la caja en otra parte del cuarto. Cambia el orden de las cajas, cambia de cuarto, pero no cambies el cue.
Mano vacía
Dos puños cerrados, uno con dos croquetas y otro vacío. Los dos al frente, palmas hacia abajo. El perro toca con la nariz y se abre. Si elige mal, no digas nada: simplemente abre el otro. Aquí se aprende a marcar con la nariz y no con la pata, que es una diferencia enorme cuando el perro es grande y entusiasta.
Vasos
Tres vasos de plástico, comida debajo de uno, se mueven despacio. Es el más difícil de los tres porque el perro tiene que seguir el rastro y no el movimiento. Déjalo para cuando los otros dos ya salgan sin titubeos.
Un tapete de olfato hecho en casa
Un tapete de goma con agujeros (de los de baño o de los que van en la cajuela del carro) y tiras de polar. Las tiras de dos o tres centímetros de ancho y unos veinte de largo. Se pasan por los agujeros y se anudan con doble nudo. No hay que coser nada.
Dos detalles que sí importan. El polar no se deshilacha y casi cualquier otra tela sí, y una tira deshilachada es un riesgo real. Y las tiras van anchas, no como listones delgados.
Se usa aventando la ración entre las tiras y dejando al perro. Se lava a mano con agua y jabón cada semana o cada quince días, porque se engrasa y acaba oliendo a perro. Y hay un límite claro: un perro que se traga la tela no debe usar tapete, ni supervisado. Para ese perro, el piso y las cajas son el camino.
Las reglas que sostienen todo
Cinco a diez minutos. Terminar mientras el perro sigue ganando, no cuando ya se cansó. Si el perro encontró todo y se voltea a verme esperando la siguiente instrucción, ya me pasé: la próxima vez corto antes.
Un perro a la vez en casas con varios. El que espera va en otra habitación, no amarrado a un metro viendo.
Nada de sentado, quieto o échate entre búsquedas. Esto no es una clase de obediencia y meter órdenes rompe el ritmo del perro.
En departamento, un tapete o una toalla doblada evita que la croqueta ruede hasta debajo del mueble. Y aquí en México, a mediodía con un perro de hocico chato, esto se hace adentro a la sombra o al anochecer. Nunca en la banqueta caliente.
Si hay cohetes o fiesta en la cuadra, no insistas. Un perro con miedo no va a oler, y no es terquedad. En ese momento necesita otra cosa.
Cómo saber que hay que parar
Lamerse el hocico sin haber comido, voltear la cara hacia otro lado, quedarse congelado, bostezar, rascarse, sentarse y dejar de buscar. Cualquiera de esas señales significa pausa, no más dificultad.
Está también el caso contrario: el perro que barre el tapete de un jalón, traga a dos carrillos y busca el siguiente escondite antes de terminar el anterior. Eso se lee como entusiasmo y es sobre-excitación. Baja el nivel: menos escondites, más visibles, otra vez el piso.
Y conviene decirlo claro: esto no trata nada. Calma, sí. Ayuda a un perro ansioso a bajarle el volumen al día, también. Pero si el perro tiene un miedo que le impide comer, se lame las patas hasta lastimarse o no puede quedarse solo, eso se ve con veterinario y con etólogo. Los juegos de olfato son una parte del plan, no el plan.
Al final lo que queda es una escena chiquita: yo en el piso de la cocina, media ración tirada entre las patas de las sillas, y un perro que lleva tres minutos con la nariz pegada al suelo y ya ni se acuerda de que existo. Esa es la parte que buscan los educadores caninos y la que a mí me convenció. No es un truco para cansarlo. Es un rato del día en el que el perro es el que sabe.